La culminación de la Segunda Guerra Anglo-Holandesa, un conflicto naval entre Inglaterra y la República Holandesa por el control de las rutas comerciales mundiales y las colonias en Asia, África y América, quedó marcada por la Paz de Breda en 1667. La guerra, impulsada por presiones económicas y alianzas cambiantes, acabó por llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones tras años de enfrentamientos marítimos, lo que ofrece una oportunidad única para descubrir Breda a través de uno de sus momentos históricos más emblemáticos.
Breda fue elegida como lugar de negociación debido a su posición fortificada y a su neutralidad política. Su familiaridad para el rey inglés, que había residido allí anteriormente durante su exilio en un castillo vinculado a la familia Orange-Nassau, también influyó en esta elección.
Tras importantes acontecimientos navales, incluido un decisivo ataque holandés cerca de Chatham, las negociaciones avanzaron rápidamente, lo que condujo a la firma de un tratado en un breve periodo de tiempo. Este acuerdo dividió efectivamente los territorios de ultramar entre Inglaterra y la República Holandesa, reconfigurando así el control de las rutas comerciales y las regiones coloniales en todo el mundo.
